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 La sexta extinción

La sexta extinción
Juan Carlos Sánchez-Olmos
 
 
A través de las eras geológicas han existido cinco extinciones masivas que han afectado a todos los seres vivos, pero en los últimos 400 años se ha configurado una sexta extinción en masa a causa de la sobrepoblación humana y de nuestros insanos patrones de consumo, mismos que también contaminan los ecosistemas.

 
 
Estas tendencias de uso y abuso de los recursos pesqueros, faunísticos y la tala inmoderada nos han conducido a una crisis, que sin duda alguna, propicia nuestra propia extinción; debido a que el deterioro y fragmentación del hábitat, así como la introducción de especies exóticas - que también pueden ser invasoras y vectores de enfermedades- provocan una constante disminución de la biodiversidad a nivel global; circunstancia que se refleja en el exterminio de poblaciones silvestres y su consecuente extinción biológica.
 
En este sentido es común leer o escuchar con frecuencia acerca de la extinción y sus consecuencias, en términos que parecen referirse a un problema distante de nuestra vida cotidiana; sobre todo por nuestro escaso conocimiento del tema y la vastedad de la información; algunas veces imprecisa.
 
Por ejemplo, cuando se habla de una especie extinta, debemos entender que de manera oficial no se le considera así, hasta después de que han pasado 50 años sin avistar a uno solo de sus organismos en estado silvestre, y aun cuando exista la presencia de una sola pareja reproductora, esta no sería suficiente para reestablecer a una población, ni mucho menos de manera saludable. Pues los individuos que integran las poblaciones deben reproducirse entre si para intercambiar sus genes garantizando de esta manera su salud y variabilidad genética.
 
Sin embargo existe una creencia muy popularizada por los medios masivos de comunicación, en la cual se ha hecho común hablar del “último ejemplar” o la “última pareja” de determinada especie que viven ya sea en cautiverio o libertad; los cuales se exaltan como ejemplares que deben ser protegidos para salvar de la extinción a la especie. Lo anterior es una grave falacia, ya que la unidad reproductiva del proceso evolutivo a través de la selección natural, es la población. Para ser mas exactos nos referimos a la población reproductiva, porque las crías y los jóvenes quizá nunca lleguen a ser adultos y los individuos seniles dejaron de ser fértiles. Así que resulta indispensable contar al menos con 50 individuos potencialmente reproductivos para garantizar la viabilidad a corto plazo y no menos de 500 organismos para asegurar la conservación a futuro. De lo contrario la especie está condenada a la muerte en un breve periodo de tiempo.
 
Lo que nos conduce a entender, que si bien la extinción es un proceso biológico natural, también es irreversible, y cuando es ocasionada por el impacto humano sus consecuencias son incuantificables e impredecibles.
 
Este lamentable problema ambiental amenaza inicialmente a los vertebrados como aves, mamíferos, reptiles y peces. Basta mencionar que desde el año 1600 hasta la fecha se ha reportado la extinción de 85 especies de mamíferos y 113 de aves. Y se estima que a nivel global, el 20% de todas las especies conocidas de peces dulceacuícolas han desaparecido. 
 
Un dramático caso está documentado en la extinción de peces de la familia de los cíclidos, que constituyeron una pesquería de gran importancia comercial en el lago Victoria, en la región centro oriental de África, ocasionada por la introducción de la perca del Nilo (Lates niloticus) en 1959; en donde es posible observar que a diferencia de las extinciones del pasado, la sexta extinción conlleva graves implicaciones socio-económicas como pobreza, migración, disfuncionalidad familiar, prostitución y criminalidad.
 
Para darnos una idea, tanto de la complejidad como de la dificultad que conlleva revertir el proceso de la extinción, es digno de mención exponer la situación del emblemático lince ibérico (Lynx pardinus), ya que a pesar de las cuantiosas inversiones del gobierno español y sus infructuosos proyectos de investigación, de un lustro a otro, estos felinos pierden la oportunidad de continuar caminando por los bosques ibéricos.
 
Otras especies muy carismáticas que se han extinguido son el lobo de Tasmania (Thylacinus cynocephalus),la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas) y la foca monje del Caribe (Monachus tropicalis) cuya extinción se aceptó oficialmente hasta mediados de el año 2008. Y de no actuar pronto y de manera apropiada quizá nunca volvamos a ver a la princesa del Yangtsé (Lipotes vexillifer). 
 
Ante esta realidad vale la pena cuestionarnos si estamos dispuestos a cambiar de actitud o seremos testigos de nuestra propia extinción.
 
 


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