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 De regreso a clases: el lunch más natural contra el sobrepeso y la obesidad

  

De regreso a clases: el lunch más natural

contra el sobrepeso y la obesidad

Por:Beatriz Ruizpalacios

El sobrepeso y la obesidad afectan a la población, hoy más que nunca, y son enfermedades que se adquieren desde la infancia. Un cambio de hábitos logrará detener esta enfermedad. De regreso a clases, ¿cuál será tu lunch más “natural”?

 
 
Hasta hace no muchos años, los estudiantes de primaria llevaban a la escuela refrigerios preparados en casa: una manzana, un sándwich, pepinos con limón, albóndigas o croquetas de atún. Para los que llevaban dinero, la cafetería ofrecía quesadillas, molletes, tortas, y dulces. Hoy en día, el privilegio de lo práctico y rápido y la sobreexposición a la publicidad, han contribuido al escalamiento de la venta en escuelas de alimentos y bebidas con un alto contenido calórico, modificando mucho más que los hábitos alimenticios de los mexicanos.
 
La alimentación en México se ha modificado de manera importante en los últimos años. En 20 años cayó un 50% el consumo de frijol, que junto con el maíz, la calabaza y el chile constituyen la milpa, pilar de la alimentación rural mexicana. Por otro lado, en los últimos 14 años ha aumentado en 40% el consumo de refrescos, acompañado de una disminución en el consumo de frutas y verduras en un 30%.
 
La sustitución de frutas, verduras, leguminosas y cereales integrales por alimentos chatarra: frituras, refrescos y jugos con alto contenido en conservadores, sal, harinas refinadas, grasas y azúcar, ha disminuido considerablemente la nutrición de la población en general, y representa una deformación de los hábitos alimenticios desde la primera infancia. Para atender esta falta, mucha gente ha optado por los alimentos que se anuncian como sanos al estar adicionados con sustancias “benéficas” para el cuerpo, como los yogures y cereales, o aquellos que contienen sustitutos de azúcar, como los productos light, sin lograr satisfacer la cantidad real de nutrientes que sus cuerpos demandan.
 
Estos alimentos chatarra son los causantes de muchos padecimientos, como la apnea del sueño, hipertensión, altos niveles de triglicéridos, y altos niveles de colesterol. Además, el exceso de sal se acumula en los riñones, formando cristalizaciones conocidas como piedras, que ahora son un problema ascendente en la población infantil. Por otro lado, diversos estudios demuestran los daños neurológicos y psicológicos que ocurren por el consumo excesivo de azúcar, grasas y aditivos contenidos en este tipo de alimentos. Los síntomas que se observan con mayor frecuencia son ansiedad, irritabilidad, manía, hiperactividad, falta de concentración, y el ahora tan común Trastorno de Déficit de Atención.
 
Sin embargo, la mayor preocupación se vuelca sobre el peso, pues ha catapultado las cifras de sobrepeso y obesidad[1] de nuestro país a los primeros lugares mundiales, siendo dos de los principales factores de riesgo a los que se enfrenta la población mexicana. Para el sistema de salud son un gran reto, pues el sobrepeso y la obesidad se asocian con varias de las principales causas de muerte en el país, como la diabetes, las enfermedades cardio y cerebro-vasculares, y el cáncer de mama, entre otras. Se calcula que estos factores de riesgo son responsables de alrededor de 50 mil muertes directas al año.
 
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (ENSANut 2006), 39% de la población adulta sufre de sobrepeso y otro 30% de obesidad. Esta cifra se incrementó de 34.5% en 1988 a 69.3% en 2006 en adultos. La prevalencia de sobrepeso es más alta en hombres (42.5%) que en mujeres (37.4%), mientras que la prevalencia de obesidad es mayor en las mujeres (34.5%) que en los hombres (24.2%). Si se suman, estas prevalencias arrojan cifras de 71.9% de sobrepeso y obesidad en mujeres mayores de 20 años (24.9 millones de mujeres) y de 66.7% en hombres mayores de 20 años (16.2 millones de hombres) peso y obesidad en niños de 5 a 11 años y en adolescentes en México ascienden a 26% (4.1 millones de escolares) y 31% (5.7 millones de adolescentes), respectivamente. [2]
 
La obesidad deriva de un aumento del tamaño y/o del número de células adiposas, que se suma a la cantidad de grasas almacenadas en el cuerpo. Las personas obesas, en particular las que han desarrollado la obesidad durante la infancia, pueden tener una cantidad de células grasas hasta cinco veces mayor que las personas de peso normal. El número de células adiposas no puede reducirse, tan sólo se puede controlar la cantidad de grasa almacenada en cada célula. Esto significa que si el problema se presenta desde la infancia, esa persona deberá librar una batalla contra la obesidad que durará toda su vida.
 
La propensión es un factor que debemos tomar en cuenta cuando decidamos qué dar de comer a nuestros niños, pero sobre todo, hay que evitar la combinación sedentarismo-comida chatarra-publicidad, y fomentar la información. Tan sólo el 21 por ciento de las personas con ingresos altos y sólo el 9.2 por ciento con ingresos bajos, practican alguna actividad física o deporte, que ecualiza el consumo energético, y se calcula que de los 40 minutos que dura la clase de Educación Física en las escuelas, solamente durante alrededor de 15 minutos se realiza alguna actividad física, mientras que en los 35 restantes los alumnos están acostados o sentados esperando.
 
Si el problema del sobrepeso y la obesidad están fundamentalmente vinculados con los hábitos, es ahí donde se debe comenzar a trabajar para prevenir la enfermedad. La solución no es aumentar los alimentos bajos en calorías, sino reducir la ingesta de alimentos industrializados y aumentar la ingesta de alimentos naturales, frescos y de preferencia orgánicos.
 
Una alternativa interesante y con cada vez más seguidores, es la agricultura urbana. En espacios de todos los tamaños y características, como balcones, zotehuelas, azoteas e incluso paredes, se cultivan hortalizas, plantas medicinales y hierbas aromáticas que contribuyen a la canasta familiar y en ocasiones se venden en restaurantes y otros establecimientos. El principio de la agricultura urbana es recuperar espacios subutilizados para crear espacios verdes que aportan beneficios educativos, sociales, ambientales, terapéuticos y hasta económicos. Mediante la participación de niños, jóvenes, adultos, adultos mayores y pacientes diversos, se fomenta el trabajo en equipo y el contacto directo con la naturaleza, con los alimentos y los procesos para su producción. Como en las grandes parcelas, la agricultura urbana puede servirse de los fertilizantes y pesticidas sintéticos, pero por lo general se promueven las técnicas orgánicas para mantener el equilibrio de la salud humana y del planeta. De este modo, se fomenta el cuidado de los recursos, la adopción del reciclaje y la reducción de la huella ecológica, la conservación de los espacios comunes y la convivencia.
 
El movimiento Slow food o comida lenta, es otra alternativa para disfrutar de la comida de una manera saludable y comprometida con el ritmo vital meditado, la gastronomía identitaria, la agricultura ecológica y la justa retribución. Nació en Italia a finales de la década de 1980 y muy pronto se extendió por varios países de Europa y luego de América. Es un movimiento que reconoce los lazos entre el plato y el planeta, por lo que fomenta la alimentación con comida buena, limpia y justa. Su filosofía se basa en tres claves: educación y formación en los sabores y alimentos cercanos, fortalecimiento de la red que une a productores, coproductores y consumidores y apoyo a los pequeños productores, y la protección de la biodiversidad.
 
Para comenzar el cambio de hábitos propongo estos simples pasos:
  1. Toma agua simple o de frutas naturales en lugar de refrescos.
  2. Opta por consumir alimentos frescos, producidos localmente y orgánicos.
  3. Prepara tú mismo tus botanas deshidratando frutas y verduras en tu horno convencional.
  4. Prepara en familia desde la noche anterior los refrigerios que consumirán durante los descansos.
  5. Utiliza las escaleras en lugar del elevador cada vez que puedas.
  6. Realiza caminatas diarias.
  7. Instala tu propio huerto orgánico en el lugar donde vives.
  8. Lee las etiquetas de tus alimentos para conocer lo que contienen.
 
 
Para ver la ver cifras mundiales de obesidad en mujeres, ver la liga.
 
Para ver cifras mundiales de obesidad en varones, consulta la liga.
 
¿Sabías que…
-    en promedio, cada mexicano consume anualmente alrededor de 149 litros de refresco?
-    se calcula un consumo anual en México de 64 bolsitas de 41 gramos de botanas saladas tipo papas fritas, charritos o cacahuates, equivalentes a 2.6 kg de frituras?
-    los mexicanos gastan alrededor de 240 mil millones de pesos al año en la compra de comida chatarra y sólo 10 mil millones de pesos en el consumo de 10 alimentos básicos?


[1] La obesidad es una enfermedad crónica originada por muchas causas y que deriva en múltiples complicaciones asociadas que limitan y acortan la vida, caracterizada por el exceso de grasa y medida mediante el Índice de Masa Corporal. Es ocasionada por un consumo de calorías mayor a los requerimientos del cuerpo. http://www.monografias.com/trabajos15/obesidad/obesidad.shtml
[2] Programa Nacional de Salud 2007-2012. p. 43
 

 


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